sábado, 29 de noviembre de 2014


SI ESTUVIERA A MI ALCANCE

                                                                       Foto ARY


Si estuviera a mi alcance
te traería un cordel de mariposas
envueltas en nubes coloreadas, te traería
una lluvia de pájaros silvestres
entonando canciones de esperanza, y dos
diamantes color café para darte una idea del brillo
de tus ojos en la distancia.

Si estuviera a mi alcance
te traería una laguna de reflejos profundos
para percibir las distintas dimensiones
de la tarde, te traería los sueños
perdidos de la infancia y un surtidor de luna
para que nunca te falte lámpara.

Si estuviera a mi alcance
te traería la sonrisa del universo y la sabiduríaa
milenaria de las galaxias, te traería
la suavidad de la ternura intangible  y el silencio
de las palabras que no hacen falta para sentir
el perfume del árbol, el llanto del viento y la canción
de mis brazos cuando te cargan.

ARY




viernes, 21 de noviembre de 2014


SOLEDAD

 

                                          Foto ARY



¿Por qué nunca me abandonas y siempre
me persigues sin pausa?
¿Por qué tu aliento me rodea y tu vacío
me desgarra?
¿Por qué me afixias cuando quiero respirar
y me arrancas la sed de tormentas?
¿Por qué eres una tormenta si tu mayor soplido
es la absoluta quietud
¿Por qué lloras si naciste sin lágrimas
si no tienes amantes, ni miserias, ni miedo,
si eres un barco sin mar, una semilla sin tierra,
una mueca sin espejo?.
Si el silencio hablara contaría tu historia,
pero tu historia es el silencio, y los actores
de tu obra la orfandad de la voz, porque si ella hablara
perderías tu fuerza, y morirías en el grito que nadie escucha,
atenaza los sueños, corroe la vigilia, y deja
tus manos sin caminos, tus ojos sin horizonte, tu angustia
sin sentido.
Tantas veces te he pedido que te marches, que tu presencia es la
ceniza de la hoguera, una roca de luces quebradas,
una flor que nunca fue.
Cómo hago para que desaparezcas y quedes
sepultada en el abismo, para que nadie te mencione y el llanto
borre tu presencia.
No entiendes que me niego a aceptar tu permanencia,
que me resisto a ser alimentado por tu pan, que tu ausencia
 significa volver a vivir.
ARY
SIN  PREAVISO


                                              Foto ARY


       
Las mariposas siempre llegan sin preaviso. Y no dan tiempo
para anudarse una corbata. O escoger flores en el vivero
con los colores de los diamantes recién nacidos,
buscar un peine y tejer el pelo
o simplemente
de alguna nube robar perfume.

Las mariposas tienen costumbres descabelladas.
Entre sus alas delinean sueños, semejan brujas
cuando se adornan con ese tono de flor morada y
silenciosas,
como un estanque desconocido
van fabricando algodón de auroras y delineando
alfombras de bruma.

Viajan en círculos y pintan olas. A veces
duermen en las raíces de un viejo tronco
para anidarles voces de pétalos encantados.
A veces,
dejan un leve roce de su recuerdo
para que sepan que el arco iris tiene
una amante. Y a veces
lloran
cuando les quiebran la voz del sueño y quedan
solas.

ARY                                          



lunes, 14 de abril de 2014



SU CABELLO ES DE COBRE BAÑADO EN TRIGO CLARO....



                                                    Foto ARY


Su cabello es de cobre bañado en trigo claro y  deshoja en sus manos 
recuerdos sin retorno.
A veces corta el aire de un solo movimiento, a veces 
se sonríe, a veces se entristece,  a veces vulnerable
le enmudece la voz.
No sé de donde viene
o si sus pasos cubren tormentas inconclusas,
si su altivez es parte de su miedo o su sangre, si su sonrisa
es manto de ternura 
o racimo de estrellas o lluvia de ilusión.

Posee la mirada de un sueño sin aldabas
y una esperanza envuelta en nubes de algodón. No es difícil
notarle antiguas cicatrices,  
y un corazón de pan amasado
en amor.

¿Qué mas puedo decirles?  Que es heraldo de viajes,
refugio de la angustia, penumbra
del adios. O parte
de la aurora que se quedó dormida cuando tejía
canciones con agujas de sol


ARY




miércoles, 24 de agosto de 2011

CENTRO

                                                        Foto Ary



¿Cuál es el punto de encuentro, el engranaje de las palabras,
la disolución de los entuertos, el llegar para quedarse,
el entierro del miedo…
En qué puerto está el paisaje sin arrugas,
en qué labios la sonrisa sin escamas,
en qué mirada la libertad del sueño.

Es todo parte de la búsqueda
y el secreto de los misterios.


ARY.

lunes, 4 de julio de 2011

ALGO...

                                                        Foto Ary



Cómo explicar la rabia, o descifrar
la angustia o darle
algún sentido a la mentira. No entiendo
las palabras ocultando palabras ni el silencio
que intenta llenarse de sonidos, ni las frases
cansadas lanzando estereotipos que caen
en la nada.

Difícil es verse y explicarse. Delinear
cicatrices que no tienen retorno. Permitir que los ojos
demuestren en sus hilos de sangre
los vacíos. Mostrar la incertidumbre, gritar
la soledad que no sabe cubrirse, y vestirse,
no importa, de cualquier cosa,
algo.

ARY.

jueves, 30 de junio de 2011

CANSA

                               
CANSA...

..
                              Foto ARY



Cansa 
sentir como se exprime el corazón
cuando se muere un sueño,
el aire semeja plomo y las gotas de lluvia
son cristales de sal entumecida.
Cómo cansa,
les digo que cansa
cuando las lágrimas se vuelven nada
porque nadie las ve cuando son algo.

ARY.

domingo, 6 de marzo de 2011

RESQUICIO


RESQUICIO

Foto ARY



En que momento descubrí tu nombre grabado en mi cuerpo.
No estaba previsto que tú aparecieras y llenaras
de voces el viento. Te he buscado tantas veces
en medio de la lluvia, en calles distraídas, en ojos
tan fugaces que ni la estela dejan.
Te he gritado, inventado y dibujado , te he soñado
sin brújula ni tiempo, escarbado en mi angustia,
atrapando tu rostro, sabiendo que existías
sin saberlo.
Te digo que no estaba previsto que mis labios bebieran
de tu vino, que mi sangre
golpeara sin descanso las fibras de mi alma,
cuando volteaste el rostro y sin decirme
nada,
encendiste la luz que no se apaga.

ARY 

miércoles, 8 de diciembre de 2010

EN DÍAS COMO ÉSTE


EN DIAS  COMO ÉSTE

                                     Foto Ary




En días como éste
termino siempre con el sabor de una novela incompleta,
o una estrofa descosida
de un pedazo de luna puesto a secar al sol.
No se a quien debo acudir para colgar la angustia,
y colocar peces en este paisaje de mar desdibujado,
calles estremecidas de pasos sin destino, puerta abiertas
esperando, no se,  la lluvia, el calor
de tu mirada, la gota que se rompió en el aire
sin mojar la semilla.
Algo
que me corte el silencio y exprima la angustia,
que me pinte la rabia, 
algo
que me deje dormir sin cicatrices.


ARY.

viernes, 8 de octubre de 2010

EL REGALO

 Foto Ary



Después del primer vaso de agua sintió que los sonidos volvían a su voz. Encontrarse así, de repente, con 300 correos destinados al amante de su esposa, no era cualquier cosa.  Era una gran cosa. La prueba irrefutable de que el papel de despistado le cuadraba a la perfección. Los había leído todos, con sus diversos estados de ánimo, sus explosiones pasionales, intimidades, ruegos, protestas, reproches, quejas y sumisiones. Hasta fotografías explícitas de cuerpos o partes de él con temperaturas elevadas. Una buena lección de anatomía descriptiva, si no fuera por las poses, que hubieran calificado con honores para algunas revistas que no tuvieran muchas exigencias de calidad fotográfica. Aunque en realidad, nunca el arte del desnudo es el que más vende, sino el detalle gráfico. ¿Cómo había logrado plasmar la imagen de tan específicos rincones carnales? Pensó preguntárselo, pero desechó la idea casi inmediatamente. Totalmente irrelevante. Por supuesto que el cuerpo femenino no le era desconocido, más aun, siempre se había considerado un apreciable conocedor de la materia. Sin embargo, qué distinto era verlo así, expuesto para otra persona que no era él.


Qué curioso es el engaño; desde chistes, conversaciones de sobremesa, susurros con voces casi inaudibles, rabias, vacío, depresiones, deseos de reciprocar... Podría elaborarse la mitad de un diccionario con términos de acción y reacción ante el descubrimiento  irrebatible del ingreso al mundo de los cornudos. Por supuesto que de inmediato surgen las usuales interrogantes: ¿Por qué no me dí cuenta? Todos los días por el teléfono, entre frase y frase, me enviaba un beso prometedor de momentos inolvidables. ¿Dónde estaban los signos, gestos, comportamientos, que hubieran hecho pensar que algo extraño ocurría?

Uno se acostumbra a los estereotipos. Lo que encaja en ellos constituye pruebas o indicios claros de que algo anda mal. Para eso, las telenovelas, el cine, las historias faranduleras, nos remiten a los casos del clásico maridaje de la intrusa con pérfida mirada que se introduce en  hogares impecables, o la inocente palomita que cae en las garras seductoras del galán de ocasión, o si queremos volvernos algo más aristocráticos, acudimos a la revista Hola, o Cosmopolitan para aquellos de menor linaje, y encontramos los grandes dramas del amor robado, perdido, frustrado, con el aliciente de las fortunas en pugna y los pleitos millonarios. En el fondo, apartando rumores, imaginación, culpabilidades y ofensas, la verdad es simple y desnuda de artificios; preguntarse sobre las causas, conduce siempre a callejones sin salida y ambiguas especulaciones.


Lo despertó la voz de Felicia: -¿De nuevo en las nebulosas? Debiste estudiar Astronomía, encaja mejor con tu personalidad-. Respondió con lo único que podía responder: una mirada de sorpresa y un auténtico desconcierto.


300 correos. No había prestado atención a las fechas, pero calculando uno por día, sumaban diez meses, y agregándole unos dos meses más de conocimiento previo en el que los primeros devaneos no fueron transcritos, resultaba la patética cantidad de 360 días en que el cuerpo de su mujer había sido compartido como la cena familiar.

No es que fuera ajeno a historias escabrosas o rumores de medias noches compartidas. Aunque los escándalos sociales nunca le provocaron interés, había escuchado y vivido demasiado como para asombrarse de un caso más en una larguísima cadena. Pero… ¿Felicia? Que todas las noches se colocaba la sábana hasta el cuello y siempre usaba pijama para dormir “porque así me lo enseñaron desde que tengo uso de razón”; la misma que organizaba las reuniones familiares, tenía estrictamente ordenadas las fechas de cumpleaños de todas sus amigas, y decía a cada quien lo que cada quien quería oír, la que reinaba en cualquier agasajo, no por su ligereza, sino por su porte y trato.

El crimen pasional no figuraba entre las alternativas. Es pasar de víctima a victimario sin compensación alguna. El silencio, por otra parte, significaría la aceptación de lo inaceptable y una valoración muy distinta del ser humano como condición imprescindible para seguir mirándose al espejo. Confrontarla con una abultada carpeta de cartas electrónicas con todos los entretelones del “corpus delicti”, resultaba melodramático hasta para un carácter sensible a elucubraciones folletinescas. ¿Encajaba él en el estereotipo?.

Se preguntó: ¿Quién más conocía o conoce de sus andanzas? ¿Soy el único que no se daba cuenta? ¿Qué pensarán mis suegros, revelarían una auténtica incredulidad cuando se enteraran de quién era? Felicia había demostrado perfeccionismo para cubrir sus aventuras.  Casi siempre hay indicios, al menos es lo que se escucha: ¿Te fijaste en ese vestido? parecía una tigresa hambrienta. ¿Estrenando shoes? y con esa combinación estás espectacular….¿De dónde salió ese perfume? ¿Te gusta? Hace un año me lo regalo Nelia y no-se-por-qué- estaba allí, guardado hasta que al fin decidí ponérmelo.

Desaparecer podría ser una opción a considerar. No se daba por enterado; simplemente se esfumaba del escenario en un crudo acto de ilusionismo y ante los demás quedaba como el malo  pero también el duro, de un drama que prontamente se haría público. Y sería una forma eficaz de evitar los susurros de conmiseración ante el desolador papel de marido burlado.

No estaba preparado para afrontar estas situaciones. ¿Quién lo está? No es un tema de discusión de sobremesa ni materia de curso en algún instituto. ¿Habría alguien entre sus hermanos a quien pudiera confiarle su drama? ¿Qué le diría? Mi esposa me engaña, -así, con lenguaje mesurado-, sin caer en las frases típicas del ritual coloquial. Encontré 300 correos de una relación que lleva un mínimo de un año. ¿Qué ganaría? miradas comprensivas, gestos de circunstancia, arranques de meditado asombro. Nada de eso borraría la inobjetable realidad.

¿Qué padre prepara a su hijo para el momento en que su mujer le haga sentir que su cabeza se desarrolla como la de un alce canadiense? ¿Qué culpa tienen los alces?, además nunca han asimilado sus protuberancias craneanas como pruebas de humillación. Todo lo contrario, Mientras mas fuertes y laberínticos sus cuernos, mas señoriales e imponentes lucen. Estaba seguro que por la mente de Felicia no circulaban tales disquisiciones. Quien es capaz de escribir 300 correos a su amante y saludar cada mañana risueñamente a su consorte, no puede plantearse problemas de fidelidad; eso no entra dentro de la estructura mental o como gusanillo de conciencia. Sencillamente forma parte del estado natural de las cosas.


En tono apenas audible volvió a sus interrogantes: ¿Qué diría si supiera lo que sé?. ¿Lo negaría contra toda evidencia, partiendo del supuesto de que instaurar la duda, implica en si misma una ganancia? No hay nada que perder, después de todo. ¿Qué puede aducir?: yo no he tenido relación  alguna con nadie que no seas tú. ¿Es qué acaso no vivimos juntos, amanecemos y nos acostamos juntos, discutimos, compartimos, tenemos los mismos amigos, vamos a los mismos restaurantes? Ni que quisiera, tengo tiempo para pensar en aventuras. Si lees bien esos correos, sin prejuicios, verás que son intercambios de opinión entre amigos, todos usamos una forma particular para expresarnos, algunas son de más confianza, otras más formales. Por otra parte, tu sabes que por Internet se dicen muchas cosas que en realidad no significan nada porque no se sienten. Tener una aventura por Internet, es como ser infiel con la computadora. Es un desahogo del espíritu que no involucra la carne. Todos fantaseamos, tú mismo cuando escribes tus cuentos, dejas correr tu imaginación, creas personajes, inventas historias, construyes dramas. Además – aquí estoy seguro que su rostro cambiaría, sus ojos se irían impregnando de rabia sostenida, su control a punto de desbordarse-, ¿con qué derecho lees mi correspondencia?, ¿es que no puedo tener  privacidad? ¿quién te dio permiso para hurgar entre mis cosas? ¡Me estás vigilando! ¡A mí, tu mujer, la madre de tus hijos!, que todas las semanas lavo tu ropa sucia, tengo listo tu desayuno, llevo los niños al colegio y encima trabajo todo el día. Déjame decirte algo: deja tus obsesiones, consulta un médico, discute con el espejo, si quieres. Tengo que ocuparme de demasiadas cosas para perder el tiempo con celos tontos. Después daría la vuelta y sentiría un golpe seco y contundente en la puerta.

-¡Juan Luis, vamos a llegar tarde… Puedes apurarte! Esa camisa no va con el traje, demasiado seria, tu no eres viejo. La tarjeta de invitación dice: Traje: informal-.  Las frases cortas e incisivas de Felicia le penetraron el cerebro esfumando sus reflexiones. Había olvidado la fiesta de cumpleaños. Para festejar sus 49, era la primera frase que se leía en letra Garamond magnificada. ¿Por qué la gente piensa que una letra con bordes sinuosos y fluidez de serpiente, constituye una declaración de elegancia? Más abajo, perfectamente centrado y en relieve: Pedro Acevedo Castor. Se preguntó si hubo algún roedor en sus orígenes. Quién dice que en el proceso evolutivo del hombre no haya una peculiar variedad de especies, un anfibio como el castor, cuyos órganos testiculares eran muy apreciados en la Antigüedad por sus aparentes propiedades energizantes.

-¿Estás listo?- La aguda voz de Felicia lo centró nuevamente a la realidad.
-En la puerta, mi vida- se oyó a si mismo en tono cálido y con cierto aire de obediencia subyacente.
-¿Y el regalo? No me digas que olvidaste comprarlo-. Su voz adquirió las inflexiones de un ´deja vu´. Pero en esta ocasión estaba preparado. -En mi mano derecha envuelto en papel con dibujos de otoño multicolor- respondió.

El timbre de la casa de Pedro Acevedo es bastante particular. Tiene figura de unicornio con su afilado cuerno en el lugar que debería estar la cola, y un color marfilado queriendo darle aire de noble antigüedad. Para presionar, se empuja la cabeza del unicornio y la punta del cuerno penetra en un pequeño orificio que al hacer contacto emite sonidos de raudo galope. La cursilería no tiene límites, se dijo, al tiempo que la puerta se abría y Felicia, sin esperar el saludo, entró como experimentada domadora en la jaula de fieras.

Él se dirigió a la mesa de las delicias, como la llamaba, desde la primera vez que fueron invitados a su casa. Tal profusión de quesos, lonjas de foie gras de Strasbourg, racimos de uvas como ramas colgantes y variedades de pan para satisfacer al más consumado sibarita. Desde allí podía observar el desfile de trajes y sonrisas, abrazos de felicitación y edulcoradas manifestaciones de aprecio.

Vio como Felicia se acercaba al círculo que rodeaba al cumpleañero, y de esa forma tan grácil y segura se hacía dueña del entorno. Siempre tuvo esa innata capacidad. Él no pudo evitar –nunca lo había logrado- quedar absorto contemplando su andar envolvente, la magia de su presencia impregnando el salón. Era un don y un arte, que Felicia había perfeccionado  y refinado.

Colgada del brazo de Pedro, paseó su vista por los invitados hasta encontrarlo. Trató de voltear hacia el lado opuesto de la sala, pero era tarde. Imposible no hacer caso a sus brazos agitándose al fondo del salón.
-¡Juan!, ¿qué haces?  Acércate… ¿verdad que está bello El Castor hoy?-. Siempre lo llamaba de esa manera. Al menos, a partir de la segunda invitación, cuando fueron a un partido de polo en el que Felicia no cesó de indagar, desde el origen del juego hasta el por qué las yeguas son más aptas que los caballos para su práctica. La sonrisa del cumpleañero era beatífica. -No sabes la cantidad de tiendas que Juan tuvo que preguntar para conseguir tu regalo. Decían que el DVD estaba agotado, pero al fin lo obtuvo. Tan cuidadoso se comportó que pidió que se lo envolvieran allí mismo, para que no me entrara el deseo de verla antes. Eso fue lo que me dijo. Aquí está la película que tanto querías. Te acuerdas que siempre te lamentabas de no haberla visto en el cine, por que la historia de la batalla de Las Termópilas te apasionaba. Pues aquí la tienes, espero que no hayas olvidado su título lleno de ese significado histórico: 300. Como el número de hombres que peleó junto a Leonidas. Extendiendo los brazos y con un beso en la mejilla, Felicia hizo formal entrega del regalo.


Mientras El Castor procedía a librarlo de su envoltorio, él se alejó imperceptiblemente hasta alcanzar la salida. No tenía interés en presenciar lo que iba a ocurrir cuando colocaran el disco y en la pantalla plana aparecieran en cuidado orden cronológico 300 correos electrónicos dirigidos al anfitrión. Además, la noche exhalaba una particular frescura, ideal para un largo paseo.

ARY

miércoles, 2 de junio de 2010

LA LLAVE


Foto Ary



Estaba seguro de haberla dejado allí, al fondo del segundo estante del lado izquierdo del closet, oculta por las medias. Parecía de cobre por el color, hasta que la tomaba y mis dedos sentían su fortaleza. Sus muescas indicaban un trabajo artesanal y su tamaño un símbolo. Hasta como arma defensiva podría ser útil. Mi interés era encontrarla antes que Fabiana se preguntara que hacía tan rudimentario instrumento entre mis posesiones. Tenía que estar preparado ante esa eventualidad y no es que no lo hubiera pensado, pero la desconfianza de Fabi era proverbial y mi hoja de vida no ayudaba a disminuirla.

Cuando entró al cuarto, estaba sumido en un detallado chequeo de los bolsillos de mis trajes.
-¿Se te perdió algo mi vida?- Su pregunta tenía una estudiada indiferencia perfeccionada por años de manipulación.
-Estoy seguro que tenía aquí el estado de cuenta del Banco. Falta en el archivo el mes de Febrero, fue el último que no enviaron por correo electrónico,- respondí, con mezcla de fastidio y naturalidad.
Me miró con la resignación que se otorga a los casos irrecuperables y entró al baño. Nunca cierra la puerta. Dice que si yo la veo diariamente vestirse y desvestirse y adoptar las mas incongruentes posiciones mientras duerme, por qué tiene que incomodarme toparme con ella en la poceta. Trato de hilvanar una respuesta que conjugue términos como delicadeza, espectáculo, privacidad,  pero su cruda lógica no acepta desviaciones.

La conocí en casa de María Inés, adonde había ido porque cocinaba como las diosas y la buena cocina siempre ha sido una de mis debilidades. Por la boca muere el pez, decía mi abuelo, aunque el se moría por cualquier sonrisa de mujer recién bañada. En eso siempre nos parecimos. Fue su hermana quien nos presentó. Si quiero ser honesto, fui yo quien se lo pidió, cuando la contemplé entrando en la sala con ese aire de quien se sabe dueña del contorno. Dos horas después todavía conversábamos y a los dos meses éramos inseparables.

Si hay algo que Fabiana puede regalar, vender, dar en comodato por toda la vida, es don de mando. Le encanta dirigir la vida de los demás y eso incluye la mía. No es que me incomode, ella es así, y el paquete lo tomas completo o no lo tomas.

¿Dónde estará la maldita llave? La última vez que descuidé detalles de este tipo, me colocaron una grabadora debajo de la cama que se activaba automáticamente con el sonido de la voz. No fue placentero escucharme contando al psiquiatra mi profunda depresión afectiva, que aceleró la definitiva crisis matrimonial y los señalamientos con dedo acusador de las amigas de mi ex.

Fabiana sale del baño. -¿Nada todavía?- Intento no enfrentarla con la vista, se torna a veces tan acerada que disuelve toda respuesta en estatus nascendi y proyecta sensación de culpabilidad. Es un proceso psicosomático en que la víctima se transforma en victimario con marca indeleble y no hay nada que hacer. Fait accomplie, como dirían mis ancestros franceses.

¿Sabrá algo de las cartas? Guardadas en un archivo de madera desteñida, apiñadas detrás de las carpetas con mis notas de clase, fotografías de fin de semana, recetas de langostinos con ciruela, en salsa ají dulce o en combinación con pasta de productos del mar. No hablemos de la partida de nacimiento, compilación de artículos de opinión, manual de entrenamiento para Golden Retriever, escritos juveniles… Una caja de Pandora ese archivo, pero, como todos, de obligatoria consulta para averiguar el origen de nuestras migrañas repentinas, sonrisas indescifrables y largos soliloquios junto a un respetable Bourgogne.

-Tengo que cubrir un evento esta noche- me dice, colgando de su hombro una de esas cámaras fotográficas absolutamente indescifrables para los ignorantes como yo. Lo mío es ¨point and shoot¨, no me canso de repetirle, y obtengo otra de sus perlas: la sonrisa condescendiente y un ligero ademán que intenta parecerse a un gesto cariñoso. Veo como da los últimos toques a sus labios, se alisa el pelo, chequea los mensajes del celular y sale con una frase que no alcanzo a oír porque estoy hurgando en los zapatos. Aprendí hace mucho tiempo que cuando algo se pierde hay que buscarlo en los sitios donde menos se piensa que está. Hagan la prueba: lancen una moneda al aire y no miren donde cae, luego traten de recuperarla. No es fácil y más de una vez no podemos encontrarla si usamos la lógica.

Fabi siempre usa frases cortas para hablarme: nunca he sabido si es por economía de la palabra, utilización más efectiva del tiempo, o porque simple y llanamente el lenguaje verbal no es su fuerte. El lente es su lenguaje y la foto su mas acabada expresión. Cuando me dijo cual era su profesión, pensé que las fotografías de nuestro matrimonio (si cruzábamos ese umbral) podríamos deducirlas del costo de la boda, sin hablar de una casa adornada con hermosos paisajes enmarcados en sobrios marcos distribuidos informalmente en la sala. Jamás pensé en insectos. Una mujer hermosa, segura de si misma, altiva y medio sifrina, ¿cómo podía dedicarse a fotografiar insectos? No hablo de abejas, saltamontes o coquitos. Me refiero a insectos sórdidos, con desagradable presencia y atemorizantes. Sus clientes no eran ciertamente los diarios o revistas de amplio alcance, sino laboratorios, biólogos, especialistas en botánica y todo aquel que considerara a Darwin uno de sus más fuertes mentores históricos.

¿Estará en el carro?, He encontrado desde revistas de historia hasta paraguas debajo de la alfombra del conductor. Ni hablar de los intersticios de los asientos donde seis meses después de dado por perdido, aparece un flamante y costoso bolígrafo. Es por ello que ahora utilizo anónimos instrumentos de escritura cuya desaparición no acarrea escozores patrimoniales.

La madre de Fabi no fue empatía a primera vista. Lucía es una de esas profesionales que todo lo sabe: química, trabaja en una compañía farmacéutica, y si A + B no es = C, hay una falla en A, o B tiene un defecto congénito. Y para alguien que como yo piensa que 2 +2 pueden ser 20 o 15, dependiendo del prisma con que se observe, algo tiene necesariamente que chocar en la relación. Es nada más cuestión de tiempo. Hace cuatro noches cenamos en su casa y continuamos con el infaltable juego de canasta. Continuar es un decir; si soy ignorante en el arte de la fotografía, podemos duplicar desconocimiento en todo lo relacionado con poker, canasta, bridge y cualquier juego que, como éste, me mantenga despierto hasta horas antiestéticas. Cuando el juego termina, pasan a recogerme en el sofá de la sala leyendo una revista HOLA, de unos años atrás, en que Felipe y Letizia se comprometían formalmente ante las sonrisas inmaculadas de la familia real.

Las cambiaste de sitio -¿recuerdas?-; el archivo exhibía un hueco que antes cubría una cerradura, además era demasiado conspicuo, invitaba a ser abierto por simple curiosidad y sería imperdonable actuar tan ligeramente. Una cosa es no poder impedir lo inevitable, otra crear las condiciones. Es como dejar rastros del delito en los lugares clásicos que indican las novelas de crímenes. Fabi no me hablaría más y mis potenciales suegros difícilmente me recibirían de nuevo en su casa.

Y ahora, ¿qué querrá mi mujer?, digo casi en voz alta, empuñando el celular.
- Mi vida, cambié de opinión- escucho en el auricular. El pan nuestro de cada día, pienso.
-¿Qué ocurre cielo?- Mi sorpresa suena casi genuina.
- Mamá tiene más de una semana deprimida y esta mañana cuando llamó casi no tuve tiempo de atenderla, así que te espero en su casa en una media hora. Llamé al primo Enzo para que fuera, con su humor le levanta el ánimo al más decaído y son tan buenos amigos.  Le tengo un regalo sorpresa guardado en el carro desde ayer y tu sabes como le encantan los regalos-. Y anticipándose a cualquier objeción de mi parte: -¡Ya deja de preocuparte por la llave!-
-Excelente idea Fabi-, respondí, mientras finalizaba un detallado registro del depósito y hacía un esfuerzo agotador para colocar los dos últimos cajones paralelamente.

Coloqué el candado de la puerta después de confirmar que todo estaba en su sitio original, y subí a bañarme. La búsqueda había sido exhaustiva y quince minutos más no harían diferencia.

La llave era la razón del cambio de las cartas. Se requería un lugar con un mínimo de seguridad. Debajo del colchón era demasiado infantil; despegar una de las lozas del baño  y abrir un pequeño boquete,  truculento y cinematográfico; enterrarlas en la jardinera de la terraza las convertiría en papel mojado, ilegible y sucio, sin contar que Fabi se esmeraba en el cuido de la siembra de albahaca, rábanos y un bonsai con naranjas liliputienses, que lucía fuera de lugar dentro de aquel común escenario. Fue un presente de cumpleaños de su mamá, enfrascada por esos días en el estudio de las bondades relajantes y armoniosas del paisajismo oriental.

El cofre fue lo primero que llamó mi atención en la tienda de antigüedades, pero la llave fue el detonante para su compra. Hacían una pareja perfecta, mezcla de elegancia y sincronización, ocre y caoba con vetas de palo de rosa y aquel click aceitado del contacto de la llave con el mecanismo de la cerradura coronando la compenetración de los elementos.

Mi primera intención fue de regalárselo a Fabi un día cualquiera, como esos regalos que se dan sin razón específica, por el placer de hacerlo,  pero la urgencia de desaparecer evidencias comprometedoras provocaron mis pasos siguientes.

¿Qué podía hacer? Las cartas se habían convertido en una amenaza a la estabilidad matrimonial y familiar, estaba dispuesto a quemarlas y a ese fin procedía la semana pasada, cuando Fabiana entró a la cocina y con burlona curiosidad exclama: -¡No me digas que mis ruegos han sido escuchados y estás preparando cena!-.  Me encontraba de espaldas presto a tornar cenizas el cuerpo del delito y no tuve mas remedio que introducirlas en el cofre que acababa de comprar y estaba recién desempacado. Di vuelta con el cofre cerrado en una mano, la llave en la otra y la más beatífica de mis sonrisas.

-¿Y eso?- preguntó, con la clásica neutralidad de quien quiere saberlo todo.
_”Eso” es un pequeño detalle que te va a encantar y acabo de guardar dentro de este cofre, el cual será abierto en una cercana y especial ocasión- respondí, procediendo de inmediato a hacer el click  con la llave, garantizando su resguardo.

Tengo el suficiente tiempo conociendo a Fabi, para saber que mis palabras sólo podían alimentar su curiosidad. Se acercó al cofre, contempló las ollas inmaculadas, me dirigió una mirada inquisitiva y dijo: -Si no hay comida, te sale invitarme fuera-, y agregó:  -Yo escojo-. Como es usual, el silencio y un gesto de aparente pesadumbre, fue mi asentimiento.

No me puse corbata. ¡Eres demasiado formal! , frase que Fabiana me repetía desde la noche que nos presentaron, surtía un efecto mágico para evitarlas. Abandoné la búsqueda con la esperanza de que un cambio de ambiente refrescara mis neuronas y me dirigí a la casa de mis eventuales suegros.

Sólo eran tres cuadras las que nos separaban. Esa corta distancia había sido causa de la continua presencia de Lucía en nuestro apartamento. Un día para descansar de su marido, otro porque había comprado unos langostinos frescos y sabía cuanto me gustaban, y cuando salíamos los fines de semana, insistía en quedarse cuidándolo. Estaba ya habituado a considerarla como una inquilina sin renta y con derechos.

Mis suegros –a veces, cuando bebían de más, me llamaban yerno y yo reciprocaba- se mostraban espléndidos cuando tenían visita. Esta noche no era la excepción. Estoy seguro que todo había sido preparado de antemano entre Fabi y su papá, para levantar a Lucía de su depresión y yo era el último en saberlo, pues en la mesa estaba la vajilla de eventos especiales, con dos botellas de vino tinto en el centro, -Malbec, por supuesto, después de todo, mis suegros eran argentinos y además de Mendoza-, y un número de cubiertos suficiente, como para desear tener a mano un conspicuo manual.

-Sólo faltabas tu, mi vida-, exclama Fabi, envolviéndome en su abrazo de cenas en familia. A pesar del tiempo juntos, no deja de asombrarme como sentirla en mis brazos puede aún provocar reacciones tan carnales.
-Tu sabes como es papá, especialista en improvisaciones. Todo está bello, y mamá en la gloria. Esto es un remedio mejor que todo el Zoloft, Lexotanil, y no se cuantos anxiolíticos, que le prescribieron. Por cierto amor, tengo algo que confesarte, y al tiempo que lo decía me llevó a un rincón de la sala, haciendo señas a su papá que contuviera unos minutos el saludo que venía a darme. Un lazo muy especial nos unía desde el día que me pidió le guardara una correspondencia muy personal.

Cuando una mujer te mira con una mezcla de ternura y malicia, hay que estar preparado, pero cuando se trata de tu mujer hay que inclinar la cabeza, poner cara de perfecta ingenuidad y aceptar de antemano la mas impredecible de las historias.
-¿Recuerdas el cofre que me mostraste hace una semana?- Asentí con una calma que el actor más consumado hubiera envidiado.
-¿Y de la llave con que lo cerraste diciéndome que dentro había un regalo para mí?-Nuevamente mi cabeza se inclinó levemente, aunque con algo de dificultad.
-Resulta que aquella tarde, vino mamá, y se lo mostré diciéndole que dentro había algo muy especial para mí. ¿Cómo te explico? Mamá se enamoró del cofre y yo le aseguré que a ti te encantaría que ella lo tuviera, pero con una condición.-
-¿Y cuál es?- pregunté con voz apenas audible, pensando que tal vez podía elaborar alguna estrategia salvadora. Y sin poder evitarlo, agregué: -¿Cómo lo abriste?-
-Eres tan despistado que aún no te has dado cuenta que saqué la llave del estuche de tus anteojos, y poco antes de que llegaras le entregué el cofre a mamá en nombre de los dos, eso sí, exigiéndole que sacara mi regalo y sin mostrármelo, te lo diera. Así seguirá siendo una sorpresa que ya me tiene loca de curiosidad.-
¿Dónde esta Lucía?- mi voz se transformó en un proyecto de suspiro.
-Salió toda emocionada a su cuarto para abrir el cofre y esconder mi regalo. Estoy segura que de un momento a otro se va a aparecer con una sonrisa absolutamente radiante-.

Miré con ojos suplicantes a mi suegro, en animada conversación con el primo Enzo. Estaban muy lejos para captar la dimensión de mi angustia. ¿Cómo podía explicarle a Fabi la verdad? Y decirle de una forma que pudiera aceptar, que en estos momentos su mamá debía estar leyendo en la perfectamente legible caligrafía de su marido, las pruebas de sus prolongados amores furtivos.


ARY.