A veces vienes y te escapas y regresas. A veces me sonríes como si el mundo fuera sólo para los dos. A veces, tu distancia clava dardos de hielo y mi sangre se seca, y las ramas van perdiendo sus gotas y la lluvia se queda suspendida en el viento. A veces la neblina nos oculta, y tanteamos con miedo sin saber si encontrarnos o quedarnos perdidos, si dormirnos o hablarnos, si olvidarnos o amarnos. A veces los alambres se incrustan en los sueños y no queremos ver. Es tan fácil quedarse contemplando luceros sin intentar tocarlos. Es tan fácil llenarse de bastones partidos y bolsillos de piedra. Porque amar cuesta algo y con cada peldaño pueden surgir astillas que vienen desde lejos, de tiempos que no existen pero que si existieron.
El problema no es ese. Ni son las mariposas que perdieron sus alas, ni la flor que una noche se murió de tristeza. Simplemente es mirarse con los ojos abiertos y aceptar que habrá surcos pintados de destierros, y alguna que otra antigua palmera sin oasis. Es escuchar el viento rompiendo los cristales y sin embargo abrirle las ventanas al sueño. Dejar que entren los rayos y formar una hoguera para quemar por siempre las volutas del miedo. Es decirse Te Amo con agua, sol y viento, en calles empedradas, de espina y terciopelo, sintiendo como el alba va alumbrando los ojos que se llenan la ternura de un dedo que acaricia la piel que con amor se entrega. Es decirse Te Amo en cada madrugada que el silencio nos puebla. Y regalarse el aire que riega los pulmones, y en un papel borroso dibujar una estrella. Es decirse Te Amo sin gestos ni palabras, sin mirarse siquiera porque los dos conocen que el amor es amarse. y que en cada estación siempre habrá primavera.
Si solo están ustedes no importan los espejos rotos ni las palabras que nunca se escribieron, ni siquiera los sueños hambrientos, la rabia y estos cincuenta y tantos años de caminar dormido, despierto a medias, pensando hacia atrás y hacia delante, remolinos, volcanes y nieblas, mi búsqueda implacable y mi desierto.
Si solo están ustedes, digo que es suficiente. Sobran gestos, faltan miradas y un puñado de aliento. Camino entre los surcos sembrando madrugadas y algunas veces vivo del recuerdo o exprimo ramalazos de cordura y quedo mirando solo como se van yendo, creciendo sobre si mismos, atrapando futuros que no esperan, rompiendo el alba y cabalgando el tiempo, más allá de donde puedo aún alcanzarlos, más allá de la puerta donde pinté las lunas y los soles y los pies y las manos y la lluvia y mi voz para contarles como nacen los sueños.
Si solo están ustedes, estaré allí en la sequía y el trueno. Me volveré silencio para escuchar sus voces y trataré de hablarles como entonces, cuando no había paredes ni cansancio y las historias eran fuego y viento. Seré portal sin llaves ni madera, será muy fácil encontrar mi sombra delineando los rostros de mis cuatro razones de luna llena
Estoy cansado de complacer a todo el mundo, de pelear cada día por mi derecho a explicar mis razones, de comerme la rabia con digestión de viento y sonreír porque no hay otra forma de seguir caminando tejiendo palabras para cubrir espacios y mal que bien sembrando el tiempo.
Qué pudiera decirte que no lo hayas oído: Nada. Qué pudiera explicarte que ya no lo hayan hecho: Poco Qué pudiera mostrarte que aún no lo hayas visto: Algo. Qué pudiera enseñarte del amor infinito: Todo.
Si mis manos tuvieran la palabra podrían nombrar las cosas que carezco o hacen falta y delinear la angustia de la voz. Podrían formar un eco de mi grito y romper el vacío aprisionado. Hasta contar las gotas de la lluvia con la rotunda claridad del sol.
Si mis manos tuvieran la palabra podrían palpar la esencia de la rosa y pintar el silencio de los niños. Viajarían en navíos transparentes con Salgari alumbrando las espumas y exprimirían la sombra de las letras hasta entregarlas puras.
Si mis manos tuvieran la palabra apresarían un sueño de futuro sin rastros de memoria. Allí, sin prisa, cincelando el aire esculpirían el hambre de su búsqueda en la piel desteñida de la historia.
Es por ello que las cosas las tuyas y las mías lanzadas en encuentros y fugas de tormentas a veces se decantan en las horas o a veces se diluyen en las noches, a veces se calcinan en la sombra o a veces simplemente se despiden como las novias solas.